Una de las preguntas más frecuentes que se hacen los consumidores de encuestas, o sea, casi todos lo que en algún momento le ponemos atención a los resultados de alguna investigación es por qué fallan las encuestas, y la respuesta puede no satisfacer a la mayoría, pero es así.

Existen algunos aspectos que debemos tomar en cuenta para determinar por qué “fallan”, y algunos de los cuales mencionaremos aquí, pero no debemos perder de vista, aunque como “lectores” o escuchas de los resultados, no lo tomemos en cuenta, que se trata de una aproximación del resultado.

Claro que el éxito de una encuestadora se basa precisamente en la credibilidad, y que si falla en la predicción, el resultado en realidad será catastrófico para ella como empresa. Por eso, de entrada, una firma que se precie de seria, además de aplicar rigurosamente la metodología, debe ser transparente en su forma de encuestar.

Cuando se trata de encuestas electorales, el resultado, por obvias razones, debe ser lo más “atinado” posible. Los “ánimos” se encienden y las personas muchas veces “cifran” sus esperanzas de ver a su candidato ganar en las elecciones y cuando lo “ven repetidas veces en las encuestas”, y luego resulta que no gana… están en problemas.

Parece mentira, pero a las casas encuestadoras se les olvida que uno de los principales datos a la hora de hacer una medición político-electoral tiene que ver con las personas que irán a votar ¿por qué? ¡Porque sólo ese voto cuenta! De nada sirve saber que hay ocho millones de votantes si a la hora de ir a las urnas no todos van.

Además, las firmas trabajan sobre la buena fe de las personas, aun cuando tienen candados para “saber” si irá a votar o por quién lo hará, no resulta del todo “exacto” saber, en el 100 por ciento de los casos, si esa persona dijo la verdad. La mentira es algo a lo que los encuestadores también se enfrentan.

Incluso tiene que “vérselas” con el cambio de opinión; si se determina que el votante es “duro”, por un partido político u opción, pues casi seguro no hay problema; pero si es un indeciso, puede cambiar a incluso ¡a la hora de estar en la urna! O sea, puede que no haya “maldad” en la respuesta que dio a la firma, pero como quiera que sea es un voto “oculto”.

También hay que considerar que las personas pueden no querer decir por quién votarán; insisto, aunque tengamos una encuesta bien dirigida con algunos aspectos que nos hagan “sospechar” que votará por un partido, si él no responde a la pregunta directa, nuestra certeza baja.

Por eso, en muchos casos, el resultado final de una encuesta electoral -aunque no debe ser por amplio margen- puede ser fallido. Para evita lo más posible el impacto negativo de esta “falla”, lo que recomendamos es lo siguiente:

1.- Publicar, desde el principio y antes de hacer la encuesta, la metodología que se utilizará, con todos su pormenores, rangos de error, sectores de la población, etc.

2.- Utilizar todas las herramientas posibles para tratar de que la respuesta sea lo más apegada a la certeza del votante.

3.- Difundir bastante y ampliamente resultados que, al final, puede influir en al cambio de voto, por ejemplo, en la percepción negativa de un candidato. Aunque sí suele ser un dato común, muy poca gente explica el por qué puede influir en el cambio de voto o en que el resultado final no sea el esperado.

4.- Destacar, al momento del resultado, cuál fue nuestro margen de error y admitir, en caso de fallar, qué tanto estamos “lejos” de ese margen. De hecho, si estamos en ese margen estamos bien ¿no? Pero hay que decirlo con todas sus letras, independientemente de la reacción.

5.- Deja en claro, desde el principio, durante el desarrollo de la encuesta, y al final, en los resultados, que una encuesta es una “fotografía” del momento, que mañana o pasado puede cambiar. En esto ayuda que le demos a la población los porcentajes de aquello de lo que sí estamos seguros o casi seguros, por ejemplo: “El voto duro es de X por ciento”, es decir, que no cambiará mucho aun cuando la votación se realizara -y es sólo un supuesto- inmediatamente después de la encuesta.